¿Qué se ve?

FARAH ROSELLA SAID*

 

 

Se ve un México sin educación cívica.

¡Contradictorio!

Por un lado una sociedad haciendo activismo en pro de los derechos humanos y, por otro, ciudadanos que no ejercen sus derechos políticos.

Se ve una sociedad omisa en la corresponsabilidad del sostén de un régimen democrático representativo. Un montón de ciudadanos poniendo su seguridad, su presente y su futuro al mismo pasado opresor y opaco.

Las oportunidades se van y no vuelven.

Lo que pasó ayer en la elección del titular del Gobierno del Estado de México, es la confirmación del poderío de un grupo hegemónico que nunca se ha debilitado. No es el PRI ni mucho menos el PAN, ambos solo son instrumentos de quien lleva las riendas del país en sus manos.

Lo que se ve, y lo he dicho en repetidas ocasiones, es una reconfiguración del poder: El mismo grupo de antaño, pero con una estrategia diferente, ya sin el PRI como única alternativa.

Para sostener su poder se ha convertido en un jugador virtual, que mueve todas las fichas del tablero, si no gana con una, gana con otra y siempre gana. Por eso, es que hoy hay infiltrados en todos los Partidos y si no lo cree: ¿Qué hacía Rafael Moreno Valle como muñequito de pastel en la victoria del PAN/PRD en Nayarit, si todos sabemos que es un servil del poder?

Desde una mirada económica, se ve al grupo ejerciendo sus mecanismos de dominación monopolizando la prestación de servicios y desarrollo de proyectos públicos; desde lo jurídico, flexibilizando las condiciones de trabajo, limitado las condiciones para el ejercicio de los derechos humanos, endureciendo penas, estableciendo condiciones privatizadoras que limiten las facultades del Estado  y creando una estructura legal revestida de una legitimidad que resulta ficticia y, desde lo político, se ve al grupo con el pie en el cuello de cada ciudadano, intimidándolo a través de la violencia, el desempleo, la recesión, la escases y la corrupción dirigiendo una película titulada “La Farsa de la Democracia”.

Se ve una cortina de humo que no deja ver un 2018 transparente ni democrático.

Se ve incertidumbre, la incertidumbre que resulta de la pregunta: ¿es tiempo?… ¿Es tiempo de una revolución?

¿Es tiempo de que los sujetos y el objeto de la realidad mexicana den un vuelco que los coloque a algunos sobre el tablero y otros fuera de él?

Hoy, solo se ve que las respuestas nacen del 45% de los votantes que se mantuvieron al margen.

*Abogada y Economista.

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