EMPEZÓ LA CARRERA; URGEN CANDIDATOS.

Los acontecimientos del 4 de junio han acelerado la conciencia de los líderes políticos, advirtiendo que la carrera 2018 ya arrancó; que no hay tiempo que perder, urgidos a establecer alianzas y a designar candidatos que se hagan visibles al imaginario colectivo.

La avanzada tiene que darse no solamente a nivel nacional, sino en los Estados con la renovación de Gobernadores.

El Presidente Enrique Peña Nieto, luego de sudar frío en la elección del Estado de México, como máximo líder del PRI, habrá de girar instrucciones a Enrique Ochoa Reza para empezar a mover las piezas. El apretado triunfo priista con Alfredo del Mazo Maza obliga a una reestructuración interna y dar golpes de autoridad que puedan posicionar la marca partidista y a su propio Gobierno.

Andrés Manuel López Obrador sabe que va por la tercera y es la vencida. Pierda o gane el próximo año, no hay más para él.

Al mismo tiempo que MORENA tiene que reflexionar la necesidad de construir una coalición, a sabiendas de que perdería si insiste en ir en solitario, es obligado moldear la figura de otros líderes, porque el tabasqueño no es eterno.

¿Qué pasaría si falta Andrés Manuel?

Al respecto, el Gobernador de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, ya puso su discurso sobre la mesa, invitando a la izquierda mexicana a formar un frente amplio, incluido López Obrador, para competir y tener la posibilidad de ganar la Presidencia de la República, remarcando que se tiene que hacer sin protagonismos, sin egoísmos, sin ultimátum, vislumbrando las mejores opciones.

Mancera, parece, está dispuesto a dar la vuelta a la hoja de la confrontación personal con Andrés Manuel, ofreciendo caminar juntos.

Después de 1988, es ahora cuando la izquierda tiene la inmejorable oportunidad de conquistar Palacio Nacional. Lo que no se sabe es si sus dirigentes serán capaces de anteponer sus intereses personales y desechar el asedio del poder para no caer en la tentación de fragmentarse en 2018, a cambio de la promesa de un futuro promisorio.

Por lo que toca al PAN, su dirigente Ricardo Anaya, pasó de la borrachera de haber ganado 7 gubernaturas en 2016, a la cruda horrorosa de perder el Estado de México y Coahuila, siendo culpado del desastre y mostrándose incapaz de aflorar las traiciones a Josefina Vázquez Mota y a su propio Partido de parte de simuladores profesionales como Rafael Moreno Valle Rosas.

El cuarto lugar al que cayó en el EDOMEX, coloca a Ricardo Anaya en un sitio de vulnerabilidad que le puede costar la candidatura presidencial y el liderazgo panista. La afrenta de haber sido rebasado por el PRD de Juan Zepeda, causó indignación entre sus correligionarios. De poco valió su victoria de un año atrás.

Todos, absolutamente todos, ven en las alianzas una forma eficaz de ganar batallas, pero supeditadas a grandes conveniencias y a la danza millonaria de dinero, coctel explosivo que no garantiza lealtades.

En Puebla, el panismo morenovallista se ha adelantado a ventanear a sus posibles alfiles.

Mientras, el PRI sigue anquilosado, como si no existiera.

Es tiempo de sacudirse la modorra y elegir a un abanderado digno, serio, el mejor o, en efecto, quedará asentada la sospecha de que se ha pactado en lo oscurito para que Moreno Valle Rosas continúe mandando en Puebla al menos por los próximos 24 años.

Y, sin embargo, en la entidad poblana, se percibe que el poder puede volcarse a favor de la izquierda capitaneada por MORENA, con la condición de que el canibalismo no prevalezca como hoy ya se percibe, aun cuando no ha ganado nada.

directorabcd_reflexiones@yahoo.com.mx

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