DERECHO DE PATALEO

Manuel Sánchez Pontón

 

 

Debemos convenir en que la política no es, de ninguna manera, un oficio limpio, ni siquiera en los países desarrollados. Recuérdese, por ejemplo, en el país que considera tener una democracia modelo, los Estados Unidos, las fechorías de Richard Nixon, especialmente la del Watergate, y la más reciente de Donald Trump, la del Rusiagate.

En esa y otras actividades, México “no canta mal las rancheras”. Tenemos unos ejemplos muy frescos: en el caso de Morena, “la esperanza de México”, que ofrece acabar con la corrupción administrativa, una de las grandes lacras de México, si no es que la más, acarreó el domingo 4 de este mes a cientos quizá miles de profesores de la sección 22 del SNTE, de Oaxaca, al Estado de México, para que votaran por la candidata de dicho partido, Delfina Gómez, así como sus “enviados especiales”, como Ricardo Monreal, quien llevó grandes maletas y  bolsas de dinero, cientos de miles de pesos para la compra de votos y, luego, la candidata fue acusada, con pruebas irrefutables, de que “les mochaba” a los empleados, en activo y jubilados, un 10 por ciento de su modesto sueldo, no se sabe si para el partido o para ella, que debe tener ya un  buen capitalito, aunque no como el de Josefina Vázquez Mota, quien derrochó millones de pesos en programas de televisión para promover, con un año y medio de anticipación, una candidatura que sólo le permitió llegar hasta el vergonzoso cuarto lugar, para ella, que ya había sido impuesta, en 2012, por el entonces absurdo presidente panista Felipe Calderón. Hasta un modesto guitarrista de palenque de gallos, Juan Zepeda, candidato de un  partido, el PRD, en proceso de extinción, quedó por encima de ella, que ya se ha vuelto el “caballito de batalla” del PAN, para caer siempre al cuarto lugar de la votación. No estaría nada mal que el partido cangrejo la volviera a presentar como su candidata en el 2018, para asegurar, aunque sea, un “honroso”  cuarto lugar de la votación.

El “derecho de pataleo” es un recurso muy ingenioso para conservar lo que les queda de “honor y dignidad”, a los partidos y candidatos eternamente perdedores. Que gritan a todo pulmón: ¡Hubo fraude, que se haga un recuento de todas las casillas!

No se dan cuenta de que, con esa actitud, no logran otra cosa que colocarse debajo del PRI, que en el 2016 perdió siete de doce gobiernos estatales y que el día 4 del actual perdió las elecciones de Nayarit y Veracruz, igual que en 2016, aceptó esos desastres, los de 2016 y 2017, sin chistar ni quejarse de fraude, sin lloriquear. Por eso, el PRI gana hasta cuando pierde, en tanto que la oposición, cuando pierde, es hasta por partida doble con sus quejas dolorosas.

A López Obrador le queja un solo camino para no tener qué acudir al derecho de pataleo en el 2018; Y ese camino no es otro que convencer a una amplísima mayoría ciudadana, capaz de derrotar ampliamente, con sus votos, a todo posible intento de fraude. El pueblo tiene la palabra.

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