TENDER LAS TRAMPAS

Manuel Sánchez Pontón

 

Ya ha comenzado la mafia de los partidos políticos a tender las trampas para el 2018, ahora que “llegó el remolino y nos alevantó”.

La primera trampa ya quedó debidamente instalada. Es nada menos que la absurda y torpe medida que consiste en hacer retroceder al país más de un siglo, aprobando la reelección de legisladores y presidentes municipales. En contra de esa regla estúpida lucharon nuestros ancestros de 1910 a 1917, con la Revolución Mexicana, que tuvo un costo de cerca de un millón de vidas. No puede concebirse un mayor cinismo que este, porque se trata de preparar el camino para que volvamos a tener una dictadura como la del sanguinario sátrapa Porfirio Díaz, la de “la paz de los sepulcros”, que tuvo una duración de 30 años.

Pero eso fue sólo el principio porque ahora el sistema político nacional prepara nuevas antidemocráticas fechorías, como la implantar una repugnante segunda vuelta electoral, con el pretexto de que un gobierno que sólo tiene 30 por ciento o menos de votos, carece de “legitimidad”. Esto es una mentira porque esa cifra se compara con el total del padrón, tomando en cuenta a los que no asistieron. El porcentaje se debe sacar con los que sí votaron. Los que se abstuvieron no deben ser tomados en cuenta. Y si en las democracias se gana por un solo voto, aquí debe ganar el que tenga más votos, así sea el 5 o el 10 por ciento. Se hacen cuentas sucias con el propósito de descalificar la votación en la que han perdido, para preparar una fraudulenta segunda votación en la que todos los derrotados hacen indecente alianza contra el que ganó limpiamente en la primera instancia. Esta segunda vuelta puede justificarse en naciones adelantadas donde el voto se respeta, pero no en México, donde la boleta electoral y el voto valen un serenado cacahuate. Lo que aquí se busca con las segundas vueltas es burlar la voluntad mayoritaria de los votantes y preparar un enjuague entre todos los partidos que resultaron derrotados para que, en improvisada alianza, gane uno de ellos y se repartan el botín entre todos los que inicialmente habían perdido. A esto se le debe llamar “el festín de los perdedores”.

Los trampetas que redactan leyes y los que las apruebas sin más trámite que levantar el dedo, también quieren que existan “alianzas” entre partidos, pero no como las que hay ahora. Se trata de que la “alianza” que gane se reparta obligadamente el botín: esta Secretaría para ti, ésta otra para fulanito, ésta para mí, tal como hacen los bandidos que acaban de asaltar un banco.

¡Ah, pero que no se hable, con esto de la enésima reforma legal para combatir la corrupción, de hacer públicas en Internet, obligatoriamente, las declaraciones patrimoniales de que sólo van a los puestos públicos para enriquecerse sin medida. Esta reforma no les conviene y declaran que “no es justo” que tengan que “encuerarse” económicamente, dando a conocer a todos lo que tenían antes de llegar a un puesto público y luego al dejarlo.

El que quiera gozar de las mieles del presupuesto para amasar una cuantiosa fortuna, debe hacer confesión de lo que tuvo y de lo que tiene. Para que, con una verdadera ley anticorrupción, le confisquen todo lo robado y lo metan algunos años a la cárcel. Si esto no se hace, entonces que no presuman de su reforma anticorrupción, será otra “tomada de pelo”.

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