¿QUÉ HIZO JAVIER DUARTE?

Manuel Sánchez Pontón

 

Aunque generalmente es difícil descifrar muchos de los actos del supremo gobierno, hay ocasiones en que surgen cosas de tal manera misteriosas que dejan perplejos aún a los que se creen bien informados.

Cuando uno ve cómo se combate ese feo delito de corrupción administrativa, lo primero que piensa es: ¿Qué tiene de especial esa rata de albañal llamada Javier Duarte de Ochoa, ex goberladrón de Veracruz, que no tengan sus demás colegas, los goberladrones de los demás estados?, Y por qué, por ejemplo, está Duarte de Ochoa en la cárcel, después de fiera persecución a nivel internacional, acusado oficialmente de haber robado miserables 38 millones de pesos, mientras que otros, como por ejemplo Rafael Moreno Valle Rosas, se han robado 50 mil millones y han dejado deudas a su ínsula barataria por 150 mil millones de pesos?. ¿Quién protege a este pillo?

Y todavía más: ¿Qué error político pudo haber cometido este pillo veracruzano que no hayan perpetrado, a su vez, otros goberladrones como Roberto Borge, de Quintana Roo; Rodrigo Medina, de Nuevo León; Gabino Cué, de Oaxaca;  Mario López Valdés, de Sinaloa; César Duarte, de Chihuahua; Rubén Moreira, de Coahuila?. De Tomás Yarrington, de Tamaulipas, no hablamos porque ya fue detenido en los Estados Unidos, donde disfrutaba de su fabuloso botín de más de 53 mil millones de pesos obtenido por sus ligas con el narcotráfico internacional; ni de Rodrigo Medina, ex de Nuevo León, a quien el Estado rector le ha concedido amparos para que no ingrese a la cárcel. En estos últimos casos, por lo menos se han guardaos las apariencias y se les exhibe sin la menor intención de encarcelarlos.

O todos coludos o todos rabones, dice el refranero popular. Una cosa es que Javier Duarte de Ochoa se haya ganado la repulsa de algún alto jefe de la política nacional y que por ello lo exhiban y otra cosa es que se proceda con marcada tibieza contra los otros, pero sin tocarlos en realidad ni con el pétalo de una rosa.

Pero enseguida viene lo mejor: al repudiado y defenestrado Duarte de Ocho lo están acusando formalmente por un desvío de 38 millones de pesos, lo cual es un chiste tan bueno como para matar de risa al más serio de los hombres. Así lo anuncia formalmente, con toda seriedad, la procuraduría general de la república.

Duarte de Ochoa se llevó, cuando menos, entre 25 mil y 30 mil millones de pesos, obtenidos mediante el saqueo de las arcas públicas, los negocios sucios y sus estrechas ligas con el narcotráfico.

Por eso, Duarte se ríe frente a las cámaras fotográficas o de la televisión. Sabe que saldrá libre el año próximo y se irá al extranjero a disfrutar de su inmensa riqueza.

De lo que se puede sacar una conclusión: ¿No deberían empezar estas persecuciones de a mentirijillas contra los corruptos, confiscándoles aunque sea en forma precautoria, todos los bienes materiales que constituyen el fabuloso botín de su paso por la política. Mientras esto no se haga a fondo, con seriedad absoluta, la corrupción no retrocederá y todo el esfuerzo se perderá.

Podría también gustarte...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

/HeraldodePuebla
@HeraldoEl