Corrupción, toca el turno a Morena

** Hace trece años, una multitud enardecida, ciega y ensordecida por la ira, linchó a dos agentes de la Policía Federal Preventiva en Tláhuac. Con la ropa desgarrada, el rostro deforme por la golpiza y la piel arrancada, sólo pudieron balbucir que eran policías de la PFP… “estamos en una investigación de narcomenudeo…”

 

 

ARMANDO RÍOS PITER/ Excélsior

 

 

 

Hubo sordera entre los ejecutantes. Luego, los quemaron vivos. La policía del entonces Distrito Federal fue avisada y jamás dio señales de existencia. Se dijo que —de haber acudido a tiempo— los investigadores hubieran salvado la vida.

Durante el presente sexenio, el jefe de Gobierno ha insistido en que en la Ciudad de México “no existen cárteles, sólo agrupaciones de narcomenudistas”. Sin embargo, instituciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Agencia Federal Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés), aseguran que en la CDMX operan cinco cárteles, de los nueve más importantes del país.

Los delitos no disminuyeron. Han crecido en número, pero la capital, otrora más violenta que el resto de México, fue rebasada en ese rubro por varios estados, razón por la cual ofreció una falsa expectativa de seguridad. Estaba bien presumir que la ciudad era mejor que el resto, porque estaba bien gobernada. Esa percepción hoy ya no aplica.

A raíz de la muerte de Felipe de Jesús “N”, El Ojos, relacionado en los años 90 con el secuestrador y extorsionador Andrés Caletri, y más recientemente con el cártel de los Beltrán Leyva, surgieron preguntas aún sin respuesta: ¿Por qué no se investiga de inmediato a Rigoberto Salgado, jefe delegacional en Tláhuac, miembro de Morena, lo mismo que al diputado que otorgó permisos para mototaxis que controlaba El Ojos como vehículos para distribución de droga?

Una vez más, aparece el circuito de las cinco letras C: “campañas políticas, compra de votos, clientelas electorales, contratos de obra pública o de servicios y crimen organizado”, que generan la corrupción y en la que participan todos los partidos.

Tras la desaparición de 43 jóvenes de Ayotzinapa, en Guerrero, quedó evidenciada la terrible red de corrupción que había mantenido a José Luis Abarca en el poder. Como autoridad municipal, dicho personaje dio rienda suelta a la actividad criminal del grupo delictivo Guerreros Unidos, relacionado con el tráfico de goma de opio. Este caso fue el primero descarnado de la realidad que impera en todo el país. La colusión de autoridades con criminales son relaciones que se siembran desde las campañas políticas.

En México sobran los ejemplos. Después de Ayotzinpa, cinco jóvenes fueron desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz. A nadie extraña que las autoridades no hubieran hecho algo para frenar la actividad de los huachicoleros en Puebla o en Guanajuato. A nadie causa sorpresa que la renta de piso y la extorsión a comerciantes o empresarios sea una actividad extractiva desde hace prácticamente una década en amplios territorios del país, sin que la autoridad luche por eliminarla.

Más ejemplos: panistas que piden porcentajes para limpiar la cuenta pública de presidentes municipales en San Luis Potosí. Priistas que apoyan el despojo a hoteleros por la vía de litigios laborales en Quintana Roo. Perredistas que apoyan al alcalde de Iguala involucrado en la desaparición de 43 normalistas, y ahora un munícipe y un diputado de Morena en entredicho, en Tláhuac.

La corrupción y la impunidad que prevalecen en el país son un problema sistémico y como tal debe ser atacado. Por eso es tan limitada la visión del líder nacional de Morena de que por el simple hecho de decirse “honesto” él, sea capaz de acabar individualmente con este cáncer.

Los dineros videograbados de la diputada morenista en Veracruz, Eva Cadena, y ahora la presunta relación del delegado de Tláhuac con los narcomenudistas, muestran que ese nuevo partido es igualmente vulnerable a procrear los vicios que hoy lastiman tanto a México. Y, como en todos los casos, el problema inicia en las campañas políticas.

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