INSEGURIDAD E IMPUNIDAD

Manuel Sánchez Pontón

 

 

Vivimos los mexicanos, para nuestra desgracia, en la capital de la inseguridad y de su gran aliada, la impunidad. Lo que está sucediendo en México es algo, por su extrema gravead, que no había sucedido nunca antes.

Las primeras páginas de los periódicos, que antes se dedicaban a informar sobre noticias buenas y malas de todo el mundo, ahora están dedicadas a la publicación diaria de masacres perpetradas por los cárteles del narcotráfico y por miles y miles de malos mexicanos, que saben que no hay empleos y que, si los hay, están muy mal remunerados, abandonaron sus buenas costumbres y se lanzan a actividades criminales: el secuestro, el asalto, el robo, el homicidio.

Pero si la inseguridad alcanza sus máximos niveles en el mundo (lo que sucede en las naciones del Medio Oriente, por motivos principalmente religiosos es algo diferente y aparte) lo peor es que lo que sucede en el país es una terrible y sangrienta etapa de criminalidad desatada que no tiene límites y que, para colmo de males, está acompañada por la falta de castigo ejemplar para los criminales que sirva como escarmiento para otros que vienen tomando lo que, consideran, es el camino fácil para el enriquecimiento.

Por parte del sistema político no se toman medidas eficientes para acabar con esta terrible lacra social. Antes, por el contrario, se ponen en marcha, sin capacitación previa para los órganos encargados de resguardar la seguridad de la población, un sistema de justicia penal ambulatorio, que es el mejor regalo que podía hacerse, en el peor momento, a la delincuencia.

Afirma el senador perredista poblano Miguel Barbosa, que el indecente y perverso sistema de justicia penal acusatorio no libera a los delincuentes. Nos asalta una duda: ¿Acaso el senador Barbosa, hombre inteligente y juicioso, se refiere a otro país y no a México? Tan sólo en dos años, el actual y el próximo, serán puestos en libertad alrededor de 20 mil delincuentes que purgan largas penas en prisión, sin que las hayan cumplido totalmente.

Así, los más torvos delincuentes pronto andarán libres por las calles, agradeciendo el gran apoyo de la CNDHD (Comisión Nacional de Derechos Humanos de los Delincuentes) que con tanto empeño participó en la introducción a México de ese sistema penal ambulatorio que deja libres a los delincuentes, con mil pretextos como “falta de pruebas”, violaciones al debido retroceso, perdón, proceso. Ese sistema se aplica con aprobación del pueblo en naciones adelantadas, de primer mundo, pero es un error introducirlo a un “Estado Fallido” como el nuestro.

Por otra parte, estamos viendo cómo quedan en la impunidad los crímenes más terribles, por el fracaso o corrupción de cuerpos policíacos, investigadores de la PGR y los agentes del ministerio público federal y estatal; por la venalidad de los jueces, que favorecen a los criminales cometiendo “errores” intencionales en el debido proceso, para dejar libres a los peores maleantes y a los gobernadores bandidos, que no consideran como prueba ni siquiera el aseguramiento “infraganti” de los malhechores y los confinan, supuestamente como presos, en sus propios domicilios, lo cual, en la mayoría de los casos, no es un castigo, sino un premio.

Estamos viendo cómo se cometen miles de homicidios, algunos de los cuales sacuden e indignan más que otros a la opinión pública y no sucede nada. Hay crímenes claramente de Estado, cometidos por los gobernadores. Tal es el caso de los asesinatos de los periodistas Miroslava Breach, del que se considera como principal sospechoso al gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado; del también periodista Javier Valdez, muy probablemente ordenado por el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel. Más recientemente, los asesinatos arteros, estúpidos y cobardes de dos mujeres: Meztli Sarabia, perpetrado en Puebla por sicarios enviados, como se sospecha, por el ex gobernador Rafael Moreno Valle, quien ha perseguido de manera enfermiza y sádica, al padre de esa víctima, el dirigente de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre, Rubén Sarabia. Y como remate, el satánico homicidio de la mujer española María del Pilar Garrido, en el ensangrentado Tamaulipas, apenas hace unos días.

¡Ah, pero los ineptos funcionarios  que dirigen las inútiles corporaciones policíacas, en los casos citados de Chihuahua, Sinaloa, Puebla y Tamaulipas, sólo responden con el silencio o con promesas vacías. ¿Qué está sucediendo en México, capital mundial de la inseguridad, donde los encargados de la seguridad ni siquiera se afligen y siguen cobrando sus elevados salarios? ¿Acaso los gobiernos no se dan cuenta de que esta impunidad es terriblemente peligrosa porque alienta a los delincuentes más sanguinarios, así como a delincuentes primerizos, a cometer espantosos crímenes, seguros de que no recibirán ni el menor castigo?. ¿Y por qué, si las corporaciones encargadas de evitar, investigar crímenes y detener a sus autores, siguen tan campantes en sus puestos, en los que han fracasado por negocio o por ineptitud? ¿Hasta cuándo se detendrá está ola criminal que  horroriza al mundo entero?

 

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