LOZOYA PARA PRESIDENTE

Manuel Sánchez Pontón

 

 

Ahora que tanto se habla de estadísticas, de récords, de campeonatos y medallas de oro, hay una buena oportunidad para exorcizar al país de todos sus males, que no son de ahora sino que provienen de nuestros ancestros. Es decir, se trata de males ancestrales.

Por ejemplo. ¿En qué otro país del mundo se pueden hacer negocios que dejen 10 millones de dólares en un solo negocio, sin arriesgar absolutamente nada y sin hacer el menor esfuerzo? Es cierto que hay futbolistas que ganan más que esa cantidad, pero tienen que llevar una vida de grandes esfuerzos y sacrificios.

En México estamos viendo como los funcionarios púbicos pueden enriquecerse sin medida, sin hacer grandes sacrificios y sin peligro alguno, pueden echarse al bolsillo nada menos que 10 millones de dólares en un solo negocio. Ahí está el caso, descubierto en el extranjero pues en México hay ceguera total cuando se trata de investigar el altísimo y generalizado índice de corrupción no sólo oficial sino privada.

Los mexicanos leemos que un “junior” también mexicano que fue director de Pemex, la mayor empresa del país, ahora nuevamente controlada por las trasnacionales yanquis, se echó a la bolsa, en un solo negocio, la cuantiosa suma ya anotada. ¿Cuánto pudo robar este señor en el tiempo en que desempeñó ese mismo puesto público?. ¿Le expropiará el gobierno esa y otras cantidades robadas a la nación? ¿Pasará Lozoya diez o veinte años en la cárcel por haber cometido ese y otros delitos iguales o tal vez más graves.

La respuesta es no. Lozoya  logrará casi de inmediato que alguno de los jueces venales que han hecho de la justicia un comercio, le vendan un amparo y lo pondrán a salvo de la veleidosa justicia. En el peor de los casos lo condenarán de acuerdo con el benéfico sistema de justicia penal ambulatorio, a permanecer “preso” en su domicilio mientras se calma la ira popular. Después, seguramente, volverá a la vida pública quizá como  juez, magistrado, ministro, secretario, subsecretario, etc. Borrón y cuenta nueva. No hay que ser vengativos. Los mexicanos nos distinguimos porque sabemos olvidar o perdonar todas las afrentas que sufrimos a diario.

Pero, ya situados frente al altar del perdón, podríamos demostrarle al mundo que hemos hechos a un lado la hipocresía, el sádico afán de venganza. ¿Por qué no demostrarle al mundo que es posible vivir y dejar vivir a los demás sin aplicar a nadie haga lo que haga? Aplicando ese grado de generosidad, la del perdón y olvido, iremos delante de todas las bárbaras naciones. ¿Qué tal si ahora, cuando se busca a un hombre valiente, resuelto y decidido para llevarlo a la Presidencia de la República, una coalición de todos los corruptos partidos, selecciona a Emilio Lozoya, que ha tenido la inteligencia de convertirse en triunfador y en uno de los hombres más ricos del país, como candidato único a la Presidencia?. Después de todo, la corrupción administrativa es el enemigo público número uno de este país. Y es conocido el dicho de que “si no puedes con el enemigo únete a él?

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