Después de la letra… la palabra/Jorge Meléndez Preciado

Serafín Vázquez

 

 

Con un tiraje de mil ejemplares, la BUAP publicó en 2016 un libro de entrevistas de Jorge Meléndez, maestro y periodista, con 41 personajes tan disímbolos entre sí, pero cuyo denominador común era y son los medios de comunicación: radio, televisión y prensa. Así nos encontramos con escritores, periodistas, comunicadores, caricaturistas, fotógrafos, politólogos, políticos, guerrilleros, cantantes de música de protesta, activistas, críticos literarios y teatrales…

La mayoría de entrevistas se realizó en los años Ochenta en canales de televisión (22 y 13) pertenecientes al Estado (Imevisión). Por supuesto que la de Víctor Jara fue antes del golpe militar de 1973.

Yo no soy teórica de la política, soy una reportera callejera… hay izquierdas marxistas e izquierdas que no lo son…, expresa Blanche Petrich a Meléndez.

Adelina Zendejas, una de las primeras mujeres periodistas en México, responde que es autodidacta, que viejos periodistas le enseñaron a ser crítica, pues era muy violenta, tremenda atacando.

El periodista tiene que tener ideología, dice. De lo contrario, no enfocaría el problema ni a favor ni en contra del pueblo.

 

…tiene que buscar antecedentes, opiniones, cambiar impresiones, de otra manera da su muy personal punto de vista.

 

Otro periodista, escritor y crítico musical, Víctor Roura, apunta que no cree en las exclusivas. Una buena entrevista puede publicarse incluso tres días después de que otros diarios ya lo hayan hecho.

 

No creo en las competencias, sino en las calidades escriturales.

 

Platica que alguna vez un jefe de Redacción de Unomásuno le pedía hacer algo así como El Financiero, pero en Cultura, poner estadísticas: cuánto cobran las actrices por una obra de teatro, precios de un Toledo…

 

Le dije que yo no jugaba con ese tipo de cosas porque me parece que estamos haciendo el periodismo cultural que cada uno de nosotros respeta y que no nos interesa estar buscando adaptarnos a los periódicos…

Eso no es periodismo, es acomodamiento, oportunismo, arribismo periodístico, que, por supuesto, nuestro país lo hace…

 

Olga Harmony, dramaturga y crítica teatral, narra una anécdota con su nieto. El niño le confía que prefiere ir al teatro que a la matiné porque en el teatro la gente se siente.

Doña Rosario Ibarra de Piedra, activista política, excandidata presidencial y madre de uno de los cientos de desaparecidos políticos durante la llamada Guerra Sucia en los años Setenta, reconoce la ira con la que irrumpían en el Senado o Gobernación las madres de los desaparecidos y expresa:

 

Le diría a cualquier persona del aparato gubernamental que por la noche se pusiera, en las soledades, en su alcoba, a recapacitar qué haría si le arrancaran a un hijo. Pido a los funcionarios… a sus esposas, a sus madres… que se pongan a pensar qué harían si un día cualquiera amanecen y no está su hijo en sus manos.

 

Víctor Jara, cantante chileno, comunista y convencido de la importancia histórica del triunfo electoral de Salvador Allende, expresa:

 

Es muy emocionante… hemos estado bloqueados por los yanquis desde que Allende asumió el poder… la reacción interna, tratan de derribar hora tras hora al presidente… hacen contubernios para no perder sus privilegios, sus fábricas, sus industrias… sus tierras.

 

Y termina diciendo que hay apoyo a Allende porque trata de construir un país, una vida nueva: Ojalá yo logre existir cuando nuestro país viva en el socialismo, concluye.

No, no lo logró, fue asesinado en 1973 por los militares encabezados por Augusto Pinochet, quien dio un golpe de Estado y acabó con un gobierno electo legalmente por el pueblo chileno.

 

 

WorldPressPhoto, Héctor García y Rogelio Cuéllar

 

 

La intención al reproducir fragmentos de las entrevistas a Rogelio Cuéllar y Héctor García es que tras leer las reflexiones en torno a la fotografía, quizá podamos disfrutar mejor la World Press Photo de La Galería de Arte del Palacio Municipal, la cual concluye este 25 de agosto.

 

 

 

 

Rogelio Cuéllar, fotógrafo (Ciudad de México, 1950)

 

 

-La fotografía es, fundamentalmente, un lenguaje. Hoy estamos saturados de imágenes, por lo que poca gente repara en una fotografía. ¿Cuántas imágenes nos puede dar la televisión en diez segundos? Estamos bombardeados. Vas manejando y ves letreros, periódicos, revistas. Hay una saturación visual. Sin embargo, una buena fotografía te detiene, te atrae, nunca pasa desapercibida. Por ejemplo, ahora que ocurrió la invasión de los Estados Unidos a Panamá (1989), en diez segundos vimos represión, violencia, todo eso, pero ¿qué nos queda finalmente? Una imagen. De la misma manera, de una guerra como la de Vietnam, tan prolongada y terrible, quedan dos o tres fotografías que solas nos la representan.

 

-Tú sacas doscientas fotos sobre un asunto, ¿cómo seleccionar lo que entregarás en ese instante al periódico?

 

-Te vas formando una idea clara de lo que sucedió, por eso no es cierto que la fotografía sea objetiva, es totalmente subjetiva, pues entra tu información previa y tu posición social y política; uno siempre ve desde su encuadre, de una forma particular; podrás tratar de ver lo que pasa acá y allá, de los dos lados, pero siempre verterás tu opinión.

Luego, una buena foto lo es también por su interés humano. Hay imágenes que trascienden porque las ve la gente y dice: «Ah, caray, aquí hay algo que me atrae». Y eso es lo que uno pretende, aunque quizá no lo logras siempre…

 

-En los caricaturistas es fácil saber cuándo cambian el estilo, pero el fotógrafo, ¿cómo cambia su estilo y cómo podría uno percibirlo?

 

-Hay un enfoque particular, todo depende del encuadre que des al tomar una fotografía: puedes hacerlo al nivel o en picada o en contrapicada. Un ejemplo: casi siempre hay una actitud frente a la estética de la pobreza, entonces a las Marías o a la gente paupérrima, el fotógrafo suele tomarlas de manera diferente que a los poderosos, que están en su podio, siempre arriba. Ya desde el encuadre hay una connotación.

-¿Cómo rompe un artista de la cámara estos juegos?

 

-Moviéndose. Existe en este momento una gran generación de jóvenes fotorreporteros con sentido crítico y que ya no se conforman con tomar la foto tradicional… se dan la vuelta, se acercan toman por atrás… hay una búsqueda. Se está rompiendo con el acartonamiento, lo cual se explica también porque hay una mayor preparación profesional. No quiere decir que todos sean de licenciatura, sino que se ven más inquietudes por aprender y mejorar la cultura visual.

 

-Hace veinte años uno estaba desprotegido frente a los editores, no respetaban tu trabajo, te cortaban fotos como querían, las publicaban sin darte crédito… Ahora, en cambio, incluso se le consulta a uno, te llaman: «oye, fíjate que a la foto le queremos cortar de acá»…

 

¿Cómo lograr el encuadre de un momento significativo, de un instante que puede perderse si no es apretado a tiempo el botón?

 

-Se educa el ojo. Debes tener disciplina para fotografiar y ampliar tu cultura visual, ver libros de pintura y fotografía, revistas. ..

 

–¿Hay detalles que no se perciben a la primera?

 

-Claro. Lo que puedes hacer ahora es editar la realidad.

Muchas de las fotos que hago son con encuadre en negro, de manera que la imagen queda tal como quise que apareciera y no tengo que cortarla; al tomar la foto integro o excluyo elementos de la realidad. Esto implica un proceso de educación del ojo.

 

-Hace rato hablaba de la estética de la pobreza, o sea, fotografiar Marías o inditos; eso ya ha ido pasando de moda, hoy tratas de hacerlo con otro encuadre, con una nueva connotación… porque los jodidos no son jodidos no más porque sí, hay una razón social, política.

 

-Uno tiene un compromiso social. Como fotógrafo debes dignificar tu trabajo y respetar a las personas que fotografías. En la actualidad hay una nueva actitud y un respeto hacia el sujeto fotografiado, porque la cámara, de entrada, es agresiva: enfocar a alguien así nada más en la calle es agresivo y si agrede uno con la cámara, rompe la individualidad de las personas.

 

-Soy fotógrafo autodidacta, nunca he tenido un maestro, pero el que me enseñó a ver fue, primero que nadie, el cine mexicano de los años cincuenta. Nací en el 50 y logré ver desde los siete años todas las películas de barrio, todas las de Tin Tan, Cantinflas, Pedro Infante. Esto me fue conformando y me llevó hacia las grandes películas del Indio Fernández con fotografía de Gabriel Figueroa. Desde ahí, inconscientemente, comencé a educar el ojo.

 

Más tarde, ya con intención, empiezo a ver fotos de Manuel Álvarez Bravo y de Lola Álvarez Bravo, y ya mi entrada a la fotografía periodística es con Nacho López y Héctor García, las dos grandes columnas de la fotografía contemporánea… Todo eso me fue formando, aunque nunca termino de aprender

 

 

 

Héctor García, fotógrafo (Ciudad de México 1923-2012)

 

 

-Héctor García, ¿será el fotógrafo un voyeur, un mirón?

 

-Es un mirón, exactamente en el sentido justo y académico del concepto historia, que significa ver, mirar, y eso lo aprendí de un programa televisivo dedicado a la obra de don Luis González como historiador…

 

-¿Que diferencia hay, entonces, entre un mirón de la historia como Luis González y otro mirón que nos da también la historia, pero por medio de la fotografía?

 

-El fotógrafo escribe con luz, que es precisamente el título de mi libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, Escribir con luz. Es ésta ni más ni menos que la traducción literal de foto-luz, grafía-imagen.

El chiste del fotógrafo es ver, saber ver, reflexionar y captar la imagen y, a diferencia del voyeur, que ve para satisfacerse, él mira por el resto de los seres y capta una imagen que después se difunde.

–Aunque el de México sin retoque es un título alburero, en un sentido significa que reúne imágenes sin manipulación, que tratan de mostrar con la mayor objetividad posible lo que aconteció, y aquí entra un aspecto ético del oficio periodístico: la gente es la que conforma la opinión pública y el periodista, sea escritor, sea fotógrafo, debe limitarse a referir los hechos; es así como se forma una opinión pública sana.

El problema en el periodismo es que hay muchos opinadores y ellos generalmente se equivocan; a un comentador de la noticia, a un editorialista siempre le tienden mil trampas, porque afecta intereses diversos (los del poder estatal, los del poder económico, los del clero, los de las milicias) y entonces lo atosigan con amenazas o con regalos. Por ello, en general, hay que sospechar de un Opinador profesional; son muy pocos los que tienen ganado el respeto.

En cambio, el que permita a la opinión pública, a Juan Pérez, prever lo que sucederá, ése es el buen informador, porque lo que nos toca a nosotros es producir imágenes, como digo, sin retoque.

 

-¿Ves tú las cosas de diferente manera que el ser común, que el hombre de la calle? ¿Cuál es la diferencia?

 

-La diferencia es que se te van desarrollando capacidades de ver, de ver en la dimensión más profunda. Cualquier gente puede mirar como un turista, al que todo se le hace bonito. Por eso no puedes confiar en lo que un turista te cuente de un país, porque la suya es una mirada boba, para él todo es bonito, los pueblitos son bonitos, ahí todo es lindo. Pero cuando uno es fotógrafo profesional le entra y va a ver la bronca del presidente municipal con los maestros y el problema de la basura y las transas, y así se va construyendo el ensayo fotográfico, el reportaje.

 

El fin que le dé cada uno a la fotografía determina el género y por ello el género puede ser inventado. Existen la fotografía científica, la de retrato, la industrial, la didáctica, la informativa, y así. El fotógrafo sirve para todo, por eso en los periódicos los fotógrafos no están especializados como los reporteros, que ya tienen sus fuentecitas de donde brotan, aparte de noticias, algunas otras cosas más. Al fotógrafo lo mandan a todo, su orden la hace, creo, Dios o el destino. «Mañana -te dicen, va usted a Palacio Nacional y fotografía al señor presidente» o «se va usted para acá o para allá» o «se va a la cantina y toma usted al dueño».

 

 

Desde luego, hay fotografías que, como el corcho, han flotado por sí mismas después de la tormenta; imágenes que tras haber cumplido con su función primordial, la de informar, han trascendido porque los críticos de arte encuentran en ellas valores estéticos, plásticos, y se convierten ya en piezas de museo… tú sabes que ahora los fotógrafos también son vedettes, también somos artistas, así es la vida.

 

-¿Cuál es la instantánea que no has podido tomar?

 

Son muchas. La frustración de no haber tomado una fotografía, de que se te haya ido, es permanente.

-Mientras tenga una cámara en la mano, hay mil oportunidades más de agarrar una foto buena. Además, en última instancia, hay fotos que si no puedo mostrar, las cuento.

 

 

Después de la letra… la palabra

Jorge Meléndez Preciado

BUAP Colección Asteriscos

México, 2016

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