MORENO VALLE HACE EL RIDÍCULO

Manuel Sánchez Pontón

 

Muy lentamente se van acomodando las calabazas en  la carreta. El misterio sexenal del “tapado” ya no despierta tanto interés como en el pasado y ya no se sabe si el que finalmente sea destapado por el PRI como su candidato a la presidencia será, con toda seguridad como sucedía antes, el ganador de la contienda electoral. Esto quiere decir que ahora ninguno de los candidatos va “a la segura”, como sucedía antes.

Las elecciones del año próximo serán recordadas por muchos años porque ya la ciudadanía está muy despierta y desde ahora comienza a razonar su voto, pero no afinará su decisión hasta que el elenco de candidatos esté completo, por haberse cerrado el registro.

Mientras eso sucede, comienza ya el descarte de los aspirantes de menor tamaño. El primero de ellos es el sátrapa Rafael Moreno Valle, quien se ha venido autocandidateando desde hace varios años, aprovechando para ellos las fabulosas cantidades de dinero que manejó, sin precedentes en la historia política de este Estado fallido. Moreno Valle sigue derrochando en publicidad y otras cosas cientos de millones de pesos, sustraídos a los presupuestos del gobierno y del municipio de Puebla, así como de otros ayuntamientos. No está gastando el dinero que sustrajo de la administración estatal porque, como dicen los políticos: “lo cáido, cáido”. Lo que se llevó del gobierno de Puebla ya debe estar muy bien guardado en los paraísos fiscales que proliferan cada vez más en todo el planeta. Es una fortuna que este alocado sujeto, protegido y encubierto por misteriosos poderes, derrocha sin piedad alguna.

Los que si van cobrando fuerza como aspirantes son, por ejemplo, los del PRI, partido que se ha debilitado mucho en este sexenio. Ellos son los secretarios de Salud, José Narro; de Educación, Aurelio Nuño y de Hacienda, José Antonio Meade, este último destacado panista.

Morena ni sufre ni se acongoja porque tiene un candidato ya muy fogueado, con un programa de gobierno novedoso, interesante y atractivo. Andrés Manuel López Obrador se siente muy seguro del triunfo y repite que “la tercera es la vencida”, al tiempo que asegura que, si le arrebatan el triunfo a la mala, ya no insistirá en presentarse como candidato.

Los que no tienen remedio en la contienda que se avecina son el PAN y el PRD, que han perdido por completo la brújula y no saben qué hacer. Tanto piensan en unir sus respectivas debilidades para ver si dan “el corcholatazo de su vida”, cosa imposible porque están perdiendo a sus pocos partidarios que no soportan esa clase de alianzas, que son como la mezcla del agua con el aceite.

Tal vez esa alianza antinatural no se consume y el PAN, a falta de buenos gallos, se vea obligado a participar llevando como abanderada a una sencilla ama de casa como Margarita Zavala de Calderón, en tanto que los despojos del PRD postulen a Miguel Ángel Mancera, gris jefe de gobierno de la ciudad de México.

Así vemos el panorama político nacional cuando todavía faltan muchas cosas por definirse. Y agregamos que la batalla entre Moreno y PRI pasará a la historia como una de las más reñidas y hasta violentas. López Obrador ha cobrado mucha fuerza y ya no podrá ser derrotado con un escandaloso fraude electoral, como sucedió en 2006, cuando Calderón, “haiga sido como haiga sido”, arribó a la presidencia sólo para completar la docena trágica de Fox y de él mismo, y para preparar el regreso del PRI al poder, con los resultados que ahora estamos viendo.

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