LOS MAFIOSOS SE UNIFICAN

Manuel Sánchez Pontón

 

 

 

Nada en esta vida es perfecto. Pero todo es susceptible de irse perfeccionando, aunque sin llegar nunca jamás a la anhelada perfección.

Y si todo es así, la mafia de la democracia y de la política mexicana no podía quedarse estancada a través de las décadas y de los siglos.

Esos mafiosos, unidos por el común denominador de la corrupción y por su denotada lucha por el botín, están encontrando ahora la forma de beneficiarse todos, en vez de que sólo los del partido en el poder se despachen “al puente solano” y se hinchen de robar miles y miles de millones mientras los integrantes de los otros partidos se quedan, como el chinito, “nomás milando”.

Con la habilidad que, como es sabido, tienen los pillos, ahora han encontrado ya una forma de que el cuantioso botín no sea de unos, sino de todos. Ya habían comenzado por aprobar una reforma regresiva como es la reelección de levantadedos, pomposamente llamados “legisladores”. Enseguida prepararon lo de la segunda vuelta, proyecto cínico, para repartir no entre todos pero si entre dos o tres, el saqueo generalizado de las arcas públicas y los negocios tipo Emilio Lozoya, que goza de impunidad después de haber saqueado millones de dólares en Pemex, principal minia de otro del Estado Mexicano, sino repartiéndolo generosamente entre todos.

Y aquí es donde viene el ingenio de estos sátrapas ávidos de botín. Han ideado los “gobiernos de coalición”, para que no nada más uno de los cárteles se quede con casi todo, sino para que todos, amorosamente, se repartan el producto de sus megafechorías.

Estos gobiernos “de coalición” permitirán que los partidos que integran la supermafia se repartan, como se hace con una “pizza” encargada por teléfono, todos los gajos que ahí vienen, los restos de Pemex y la secretaría de Hacienda, para el PRI; gobernación, para el partido verde; la CDMX ya se le queda para siempre a Morena; relaciones exteriores para un candidato ciudadano; Sedesol para el movimiento ciudadano y así, hasta que quede totalmente repartido, de manera equitativa, el rico pastel no millonario, sino billonario.

Se van a repartir el pastel entre todos los “mordelones, qué caso tiene entonces derrochar entre 30 mil y 40 mil millones en efectuar procesos electorales que sólo acabarían sirviendo para elegir a toda la mafia en su conjunto.

Los partidos como el PAN y el PRD, que sólo cuentan, entre los dos, con el 30 por ciento de los votos, se sentarían, con los gobiernos de coalición, a disfrutar de las mieles del poder sin haber ganado nunc por mayoría. ¿No es esto un verdadero fraude electoral?

En política debe ganar uno sólo, aunque sea con la ventaja de un solo voto y aunque no haya alcanzado ni el 30 por ciento de la votación total. Qué sucedería si el presidente tuviera que trabajar con un gabinete lo mismo de populistas, izquierdosos, panistas conservadores y de ultraderecha retardataria, que traficantes de “la chiquillería”, como son esos partidos que sólo nacieron para llevarse una tajada del reparto de prerrogativas y para colocarse como apéndices de los partidos tradicionales.

Caer en la trampa de los gobiernos de coalición sólo serviría para llevar a México hasta las profundidades de la antidemocracia, pues el voto ya no sería ni necesario ni tomado en cuenta. Aquí podría decirse que los gobiernos de coalición serían inoperantes porque no podrían funcionar. Es como si en el futbol, por ejemplo, se crearán los campeones de coalición, declarando campeones no a los de un equipo sino a jugadores de todos los partidos. Que no le den los mafiosos atole con el dedo al pueblo, sólo para repartirse entre todos el fabuloso botín del presupuesto nacional.

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