¿Y POR QUÉ MEADE?

Manuel Sánchez Pontón

 

 

Ya desde hace más de un mes, la incógnita del “tapado” sexenal comenzó a despejarse parcialmente cuando el viejo marrullero de la política nacional, el yucateco Emilio Gamboa Patrón, seguramente autorizado por el presidente Peña Nieto, dio a conocer un póker de presidenciables, del cual tendría que salir, en el momento  que se considerara más oportuno y dentro de los plazos legales para tal fin, el esperado candidato del PRI, partido aplanadora, a la Presidencia de la República, para el sexenio 2018-2024.

“Los cuatro fantásticos” eran, por supuesto, integrantes del gabinete presidencial: José Antonio Mead Kuribreña (con ribetes libaneses por lo de Kuri), José Narro Robles, Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño, titulares respectivamente de las carteras de Hacienda, Salud, Gobernación y Educación.

Los estadistas vienen incluyendo en su equipo de colaboradores a hombres valiosos por su trayectoria, su carácter, sus resultados como funcionarios públicos y, en la actualidad, su desparpajo para presentarse ante las cámaras, los gobernadores y los blogs de los hombres de la prensa, la radio, la televisión y el Internet. Deben ser hombres impolutos, no tocados por escándalos de corrupción, de errores graves y de actuación muy clara en favor de las mejores causas de la nación.

La opinión pública, que según el periodista norteamericano Drew Pearson es “la percepción de la sociedad en su conjunto sobre los hechos públicos”, no se sintió muy satisfecha al conocer esa cuarteta de burócratas sin la menor talla de estadistas que pudieran sacar de su actual condición nación fallida al Estado Mexicano.

Le pareció que Meade es un  hombre preparado, pero sin el menor sentido autocrítico y sin un afán de querer cambiar las cosas que están mal, básicamente las finanzas, la educación, la criminalidad desbordada y retadora. No había la necesidad de hacer un cambio “de fond et cumplit”, como dicen los franceses, para volver a la disciplina hacendaria, dejando de gastar un solo centavo más de lo que se recauda.

Ni Osorio Chong ni Nuño tenían mucho qué dar, en caso de llegar a la Presidencia. Tal vez el mejor de los cuatro era José Narro, educador de grandes méritos, ex rector de la UNAM, hombre sin mancha, muy probablemente honorable, sin pensar en el enriquecimiento escandaloso. Pero tal vez se le encontraron fallas, como su edad, un tanto avanzada que podría ser obstáculo para desempeñar el cargo público más agotador y, además, su falta de oficio político, pues no es igual encerrarse en su consultorio o un despacho para atender elevadas responsabilidades que hacer frente a problemas de todas clases que se presentan en todo momento al presidente de una nación que debiera ser grande pero que está empequeñecida, como lo demuestra el  trato grosero y humillante del villano presidente de Estados Unidos. Donald Trump, sin que se le pueda hacer frente con dignidad.

Mead tendrá un rival muy peligroso en la elección del año próximo, que es notable político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, candidato del partido Morena, que él mismo fundó para buscar la Presidencia de México en esta elección del 2018 que será, según él y sus seguidores, que son muchos millones, López Obrador está seguro de que “la tercera será la vencida”

En cuanto a la alianza antinatural entre el PAN y el PRD, llamada Frente Ciudadano, que es una mezcla de ideologías  contradictorias, sólo servirá “pa´l gato”. No puede pasar del 15 o, cuando mucho, el 20 por ciento.

Pero, eso sí: gane quien gane, es una elección que difícilmente será limpia y creída por todos, no se advierten en México cambios sustanciales. Más bien, a pesar de todo,  “vendrá más de lo mismo”.

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