Sergio Pitol, el derrumbe del mundo y la larga marcha para recuperarlo

Travesía 213

Serafín Vázquez

 

 

En 1997, Viceversa pidió a doce escritores que rememoraran su infancia para el número que publicarían en abril. Sergio Pitol entregó un breve texto donde define la niñez como el esplendor de los primeros regalos que ofrece el universo mundo.

Y entonces recuerda un río, la coliflor, las espinacas, la emulsión de Scott, el deslumbramiento que le provocaba la elegancia de su madre… y finaliza con estas palabras:

 

No creo que haya un niño que prevea el derrumbe que lo espera…

 

El mundo explota y se fragmenta, entonces uno emprende una larga marcha que es la vida para intentar recuperarlo, porque todo está en todo.

Todo está en todo, y uno nunca lo recupera. Y la vida, desde los primeros años, son más pérdidas que encuentros. Más restas que sumas.

Muere su padre, se ahoga su madre, también fallece su hermana, le quedaría su hermano Ángel; y entonces el poblano que naciera un 18 de marzo de 1933 emprende su primera migración a Veracruz. Y luego, China, Polonia, Francia, Rusia…, también viviría en la ciudad de México, donde estudiaría derecho e iniciaría su largo camino en la literatura: cuentos, novelas, ensayos, traducciones.

 

Victorio Ferri cuenta un cuento (1957)

 

Sé que me llamo Victorio. Sé que creen que estoy loco (versión cuya insensatez a veces me enfurece, otras tan sólo me divierte). Sé que soy diferente a los demás, pero también mi padre, mi hermana, mi primo José y hasta Jesusa, son distintos, y a nadie se le ocurre pensar que están locos; cosas peores se dicen de ellos. Sé que en nada nos parecemos al resto de la gente y que tampoco entre nosotros existe la menor semejanza. He oído comentar que mi padre es el demonio y aunque hasta ahora jamás haya llegado a descubrirle un signo externo que lo identifique como tal, mi convicción de que es quien es se ha vuelto indestructible. No obstante que en ocasiones me enorgullece, en general ni me place ni me amedrenta el hecho de formar parte de la progenie del maligno.

 

Casi no puedo imaginar, soy el más realista de los realistas socialistas, le dice a Margarita García Flores en conversaciones  en 1969 y 1976 (Cartas Marcadas, UNAM, 1979).

Ella lo interroga sobre su desarraigo, el proceso de creación, las traducciones, el amor por la cultura polaca, por la música clásica y popular…

Una cara, una conversación, un hecho; entonces comienzo a redactar, frases elementales, algo va saliendo. Luego viene el trabajo, continúa Pitol, recortar, mutilar, ordenar. Leer e informarme: cómo actuaría mi personaje, por ejemplo, una señora de 60 años, de una determinada ciudad.

El escritor tiene la necesidad de ordenar su caos, expresarlo en palabras y liberarlo, le diría a Margarita.

Lamenta que sus personajes casi no platiquen, que no pueda escribir una novela alegre, quizá después. A Thomas Mann le llevó medio siglo lograr una novela satírica, responde.

 

La literatura tiene que ser espontánea y crearse ella misma. Uno se sienta a la mesa con una idea, que puede ser más o menos vaga, o a veces muy precisa, pero que tiene que engendrar otras ideas y desde luego un lenguaje idóneo.

 

En 2010, el ayuntamiento de Puebla le entregó la Cédula Real; a finales de los 90s, Adolfo DuránSánchez-con ayuda de Luis Ignacio Aparicio Romero- lo entrevistaría en Xalapa para el periódico Síntesis. No recuerdo si posteriormente, ese diario poblano le entregó un reconocimiento.

El texto de Viceversa se publica íntegro; también la entrevista de García Flores.

El fragmento de Victorio Ferri… pertenece a Asimetría, Antología Personal de Sergio Pitol, UNAM, 1980.

Finalmente, como en la placa de Victorio Ferri, ahora podemos leer:

 

Sergio Pitol

murió

sus lectores lo recuerdan con amor.

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