La coordinación metropolitana

Conurbaciones /Eduardo Gómez Gómez

 

¿Cómo lograr acuerdos en el plano metropolitano?, es sin duda una interrogante que requiere solución. La Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala necesita una gestión que implica a 39 municipios y a 2 entidades federativas. ¿Cómo se necesita coordinar a este territorio para lograr propósitos comunes?

El análisis de la Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala como una totalidad también implica articularla con el resto de los polos económicos de las regiones Centro País y Sur-Sureste, por ejemplo, incluyendo la intención de involucrar la dinámica de las zonas metropolitanas cercanas, como la Zona Metropolitana de Tlaxcala-Apizaco, aunque sea un ente delimitado independiente y autónomo, para verlo como parte del análisis metropolitano de Puebla.

En el ejercicio analítico esto es posible, y con la misma libertad se podría hablar de la pertenencia de la Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala a la Zona Metropolitana del Valle de México (en un nivel de megalópolis, por ejemplo), con la cual tiene un volumen de operaciones superior en varios sentidos, incluso a la que se tiene con la de Tlaxcala-Apizaco o la de Tehuacán.

Y en ese mismo sentido, observamos que uno de los temas cruciales es el reconocimiento de las unidades políticas-administrativas, y la necesidad de coordinar acciones con base en objetivos comunes.Al aumentar la escala, sólo se amplifica el peso de ese factor.

En ocasiones, el análisis puede ir de un lado a otro, sin claridad en su foco. Por ejemplo, podría considerarse si el Gobierno de Puebla podría ser el responsable de una regulación metropolitana, pues los municipios metropolitanos del Estado de Puebla en 2009 producían más del 85% del Valor Agregado Censal Bruto del Sector Secundario estatal y más de 75% del Valor Agregado Censal Bruto del Sector Terciario del estado(excluyendo el importe de los servicios gubernamentales).

Desde luego, no es factible hacer un corte preciso de la totalidad metropolitana, haciendo abstracción de su configuración territorial y el impacto geo-político correspondiente, pues no se trata de hacer planes en el aire y sin aplicación directa.

Al respecto, no es factible en el análisis concreto aterrizar cualquier tipo de generalizaciones, más cuando el fenómeno metropolitano (no sólo en México) implica especificidades particulares que es inadmisible pasar por alto, pese a intenciones de “olvidar por un momento las jurisdicciones”,como eventualmente se ha mencionado en el análisis metropolitano.

En el caso particular de la delimitación de la ZMPT, si bien puede ser objeto particular de discusión, su integración es un producto específico, promovido a nivel federal, que integra a 39 municipios de dos entidades de la república.

Sólo 6 de las 74 zonas metropolitanas del país se encuentran en la condición de buscar acuerdos de dos entidades federativas, y una más requiere el concurso de 3 de ellas.

Adicionalmente, la Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala es la segunda en número de municipios que la integran (sólo superada por la del Valle de México, que está integrada por 76 municipios), en un territorio reducido: 1.3% del territorio de las ZM del país.

En ese sentido, el perfil particular de esta totalidad obliga a un análisis específico susceptible de identificar las condiciones de vulnerabilidad y las heterogeneidades sociales dentro de un universo concreto con un importante peso de orden político-administrativo. Demás está decir que el objeto de análisis por caracterizar no es la República Mexicana, sino un ente específico concretamente configurado y oficialmente reconocido.

Pese a la fragmentación político-administrativa, algunos polos urbanos se han convertido históricamente en núcleos de atracción poblacional y/o laboral, fenómeno que explica la integración particular y dominante de la región y que habilita a presentarla de manera articulada como un todo. Es necesario, finalmente, considerar que esta misma dinámica devendrá en articulaciones poblaciones que probablemente configurarán en el futuro un escenario distinto al que actualmente existe y cuyas principales vertientes es necesario identificar.

La problemática concreta (la coordinación interestatal e intermunicipal con un propósito metropolitano) no se puede minimizar ni evadir las responsabilidades económicas, territoriales, institucionales y sociales específicas; por tanto, no es factible desdeñar o llevar a un plano marginal la auténtica base de los acuerdos en este ámbito de gobierno: la voluntad política. Ninguna autoridad puede sólo soslayar esta condición, pretendiendo imponer un marco particular sobre el resto, generando así un panorama que cancela la disposición al diálogo y atacael alcance de acuerdos.

Entonces, ¿cómo se van a coordinar las acciones metropolitanas?

eduardo.gomez@hablemosdemetropolis.com

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