Cae ministro español de Cultura por escándalo fiscal

Madrid. En menos de una semana en el cargo, Máxim Huerta presentó su dimisión como ministro de Cultura y Deportes del nuevo gobierno español, presidido por el socialista Pedro Sánchez.

La renuncia del periodista y escritor se precipitó tras la publicación en el diario digital El Confidencial de un supuesto fraude fiscal a su nombre, en el año 2006 y cuando era uno de los periodistas estrella de los programas de la llamada “prensa rosa”.

“Me voy sabiendo que soy inocente, pero amo la cultura y por eso me retiro”, afirmó tras presentar su dimisión ante el mandatario español.

En menos de una semana se registró la primera crisis del gobierno de Pedro Sánchez. Huerta, cuyo nombramiento despertó las críticas de diversos sectores de la opinión pública por su pasado como periodista de escándalos de la vida social de la alta burguesía española y por sus mensajes en las redes sociales contra el deporte.

Sánchez le eligió como ministro de Cultura y Deportes sin que se le conozca ninguna experiencia en gestión pública ni en la administración, pero su dedicación en los últimos años a la literatura y su buena relación con el núcleo duro del gabinete, sobre todo con la vicepresidenta Carmen Calvo, le ayudaron a convertirse, para sorpresa de muchos, en el ministro de una cartera tan sensible para el proyecto socialista, que siempre ha tenido una vinculación muy estrecha con el mundo de la cultura en España.

El escándalo fiscal se remonta a hace más de diez años y fue subsanado por el propio Huerta, que tuvo que pagar una multa de 148 mil euros por tributar a la Hacienda Pública como una sociedad limitada y no como persona física, tal y como establece la legislación. Por esa situación fue sancionado, pero una vez pagada la multa su expediente se archivó y desde entonces no tiene ningún problema fiscal.

Nada más publicarse la noticia, la oposición en pleno, incluida la coalición Unidos Podemos (UP), que apoyó la moción de censura a Mariano Rajoy y la investidura de Sánchez, exigieron su dimisión inmediata.

Finalmente, ante la constatación de la dimensión que tomaban los hechos decidió presentar él mismo su renuncia y apartarse de los focos públicos. Huerta vivía en París hace sólo una semana y se dedicaba a la escritura.

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