DEBE REPETIRSE LA ELECCIÓN

Manuel  Sánchez Pontón

 

 

 

A medida que pasan los días y avanza la investigación sobre la elección de gobernador de Puebla, llevada a cabo el domingo primero del presente mes, que estuvo plena de escandalosas irregularidades, se hace más apremiante la necesidad de anularla y convocar a nueva elección en la que sólo compitan los candidatos de Morena y del PAN, respectivamente Miguel Barbosa y Erika Alonso de Moreno Valle.

Ningún candidato, menos en la época actual, cuando la democracia ha brillado esplendorosamente, puede gobernar bajo la sombra de un sucio y escandaloso fraude electoral. El tiempo de quien cínicamente declaró que el presidente de  la República era él, “haiga sido como haiga sido”, ya pasó. Lo demuestra la elección presidencial de este mismo mes, en la que hubo poca resistencia de los dos pésimos candidatos frente a otro que,  a  lo largo de dos décadas, ha sabido ganarse la confianza de la inmensa mayoría de los mexicanos.

En estas últimas condiciones, lo más elemental sería que la candidata derrotada, señora Moreno Valle, presentara por dignidad una solicitud de  licencia (los cargos de elección popular no son renunciables) y volviera a dedicarse, tranquila y resignadamente, a los deberes de toda ama de casa y, especialmente, a atender a su marido, quien seguramente va a quedar muy feliz porque la tranquilidad del  hogar no tiene precio.

Por otro lado,  la esposa, aunque llegara a gobernar, quedaría en una situación muy difícil, pues sería considerada, con toda razón, como una persona sin escrúpulos que acepta ser llevada a un importante cargo público sin tener los necesarios conocimientos y experiencia para desempeñarlo, por lo que tendría que dejar todas las decisiones más importantes de su infortunada gestión, a su marido, que es a quien le deberá su encumbramiento y que ya tiene experiencia no sólo en las tareas del gobierno sino en toda clase de fechorías en su propio beneficio y no en  las de la comunidad que, supuestamente, lo llevó al cargo, también “haiga sido como haiga sido”, en noviembre de 2010, esa vez bajo el cobijo de su padrino, el presidente Felipe Calderón.

Esa solución, de que la señora Moreno Valle solicite una licencia por seis años para separarse de un cargo que, en caso de desempeñarlo, sería una terrible burla a la democracia.

En la decisión de no aceptar un cargo de elección popular  por considerarse que es resultado de un juego sucio y vergonzoso, la señora Moreno Valle y su esposo pasarían dignamente a la historia como fervientes demócratas, incapaces de burlarse del pueblo que a la señora no eligió.

Ya Morena  ha declarado que no reconocerá por ningún motivo gobernadora de Puebla a esta distinguida, pero no popular señora. ¿Aceptará ella gobernar bajo el estigma del fraude electoral y la burla sangrienta a la voluntad popular.

Démosle por ahora el beneficio de la duda mientras ella resuelve si, a toda costa, ocupará un cargo público que no le corresponde, o bien si tiene que ser desconocida oficial y legalmente como gobernadora.

Ante esta disyuntiva, la honorable y respetable señora tiene la palabra.

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