NI CON EL PÉTALO DE UNA ROSA

Manuel Sánchez Pontón

 

“No hieras a la mujer ni con el pétalo de una rosa”, dijo el gran poeta nayarita Amado Nervo hace más de un siglo. Y, en efecto, la mujer, como “sexo débil”, merece el más profundo respeto de los hombres. ¡Pero qué pasa cuando la mujer, equiparándose con el hombre, comienza a cometer las mismas fechorías que éste?

Después de alrededor de unos 100millones de años de vasallaje total de la mujer, ésta ha iniciado, aunque con muchos esfuerzos, una nueva etapa, en el siglo XX, de igualdad en todos sentidos con el hombre, lo cual es justo, necesario y excelente.

¿Pero qué pasa cuando esas mujeres han encontrado, de repente y sin proponérselo, quien, en cuanto se les presente la primera oportunidad, igualarse también con los hombres, pensando quizá que, ya actuando en el terreno que antes estaba destinado exclusivamente para los varones, seguirán siendo objeto de un total respeto y un silencio caballeroso para sus malas acciones?.

Tenemos un caso relativamente nuevo con el debut de la mujer en la política. Ellas ya han comenzado a disfrutar de un acomodo muy similar al del hombre en actividades como la política, los negocios y otras materias. En muchos casos ascienden no por verdaderos méritos sino por otros porque, como dijera Agustín Lara en una de sus fabulosas canciones: “tiene el hechizo de la liviandad”.

Pero una vez encaramadas en los poderos públicos, económicos, etc, comienzan a imitar al  hombre en sus múltiples sinvergüenzadas. Buscan enriquecerse al máximo dentro de sus posibilidades.

¡Ah, pero ay de aquel hombre que ose denunciar esos malos manejos porque de inmediato caerán sobre él los peores calificativos, comenzando por el clásico de “misógino” o los de “poco decentes” y “nada caballerosos”.

Todo esto nos lleva a analizar el papel que desempeñan no todas. Y ni siquiera la mayoría de las mujeres que, por lo que gusten y quieran, han llegado a las alturas, principalmente de la política, que en México es una montaña de estiércol.

Ya se sabe que la mayoría de afortunadas cuanto desdichadas féminas, van a los puestos públicos con el ánimo no de servir a la colectividad, que tal es su función, sino de enriquecerse sin media y cuanto más pronto mejor.

En Puebla ya hemos tenido varios de esos casos en que las mujeres aprovechan una oportunidad que les ha dado la vida, sin que ellas contribuyeran a ganársela por sus propios méritos.

Recordamos, así como de pesadilla, cuando el periodista Jorge Alemán le público a quien era gobernadora de Zacatecas, Amalia García, toda una larga lista de sus familiares, que estaban cobrando, a veces sin trabajar, elevados sueldos. Esa misma señora salió archimillonaria de su puesto, pensando que la mujer deben equipararse al hombre y, si es posible, hasta tratar de superarlo, aunque fuera en lo negativo.

Todas estas consideraciones viene a colación ahora que, por tercera vez durante su larga carrera dentro de la política, es descubierta como superladrona, al grado de que las acusaciones son cuantiosas.

Ya el lector habrá concluido que se trata de Rosario Robles, una afortunada mujer que llegó a la alturas de la administración pública hace unos 20 años, cuando Cuauhtémoc Cárdenas, al renunciar como jefe de gobierno del Distrito Federal para postularse como candidato a la Presidencia de la República, le heredó su elevado puesto.

Desde entonces, esta señora Robles (apodada por el payado “Brozo” como “Chamorrito”) la de la escandalosa relación con el estafador argentino Carlos Ahumada Kurtz, quien vino a México para aprovechar el elevado clima de la corrupción, ha sido sorprendida en cuantiosos latrocinios en los que ha embarcado a otros políticos, entre ellos nada menos que José Antonio Meade, el candidato derrotado en la elección presidencial de este año.

Ahora se sabe de otro golpea las finanzas nacionales asestado por ella por un monto de alrededor de 700 millones de pesos. Al parecer, esto sucedió después de que había sido sorprendida en un negocio turbio, cuando fue salvada de un proceso penal de escándalo y de una larga sentencia por el caballeroso presidente Enrique Peña Nieto con la célebre fase: “No te preocupes Rosario, yo te apoyo”.

Y la pregunta es: ¿ Esta vez sí pisará la cárcel, o el sanatorio, como sucedió con otra mujer mágica, que supo ahorrar alrededor de 20 mil millones de pesos de su “salario” como lideresa del magisterio nacional, Elba Esther Gordillo, y salir ilesa de una más de sus fechorías, sólo porque Amado Nervo recomendó, en épocas ya muy pasadas, que a la mujer no se le toque ni con el pétalo de una rosa?. Veremos qué pasa, en esta nueva ocasión, con la Chayo Robles.

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