¿POR QUÉ HASTA AHORA SE DICEN INDIGNADOS?

Miguel Ángel García Muñoz

 

El desplegado aparecido el lunes pasado en un medio local, firmado por tres docenas de priistas, remarca la pugna interna que se vive dentro del PRI desde mucho antes de la elección de 2010 que terminó en un fracaso rotundo. Pero, además, denota que un Partido que huele a cadáver, todavía es apetecible para usarlo en negociaciones futuras.

Esto no es nuevo.

Simplemente los firmantes ahora sí tuvieron el valor de dar su anuencia para aparecer y no esconderse en el anonimato.

Preguntaría: ¿Todos tienen la calidad moral de reclamar?

¿Cuántos no sirvieron o siguen sirviendo y cobrando en la burocracia secreta del morenovallismo?

¿Por qué apenas se dicen indignados y no se atrevieron a luchar en momentos clave enfrentando al gobierno panista que hizo y deshizo de Puebla y del propio PRI?

El Partido Revolucionario Institucional fue una dependencia más de la administración panista y apenas unos cuántos lo advirtieron.

Pocos de los que aparecen en ese desplegado merecen reconocimiento a su militancia y trayectoria, porque aparte de enfrentar la adversidad, tuvieron las agallas de aguantar las embestidas de la persecución política que aún se siente.

Que cada uno se mire al espejo.

La tragedia priista se vislumbró desde la elección interna del candidato en 2010 para competir contra el PAN de Rafael Moreno Valle Rosas. Hubo traiciones, simulaciones y negociaciones. Perdió el PRI y se desataron los demonios.

Recuérdese lo que se vio después en 2013.

Luego en 2016.

Casi nadie dio la cara; las acusaciones cundieron; dejaron que la dirigencia fuera manejada sin ningún escrúpulo, entregándose al panismo y viendo a los legisladores tricolores trabajar aprobando iniciativas del Ejecutivo que son un lastre para los poblanos.

Hubo Delegados federales, me consta, que no querían ningún enfrentamiento con el morenovallismo. Se enojaban, incluso, cuando eran mencionados en columnas por miedo a confrontarse y ser removidos.

En este espacio escribí en innumerables ocasiones la triste realidad priista, dando nombres y apellidos. Se mostraron inmutables; desconocieron declaraciones que en sus momentos de gloria los hicieron sentirse dioses. Entonces el poder les pertenecía.

Los que saben todo lo que sucedió en la debacle tricolor, soslayaron la realidad; sufrieron de amnesia temporal, prefiriendo esperar nuevos tiempos para levantar la voz y señalar que quieren la unidad; denunciar malos manejos y rescatar al Partido hasta devolverle el lustre que alguna vez presumió.

¡Sí, Chucha!

¡Cuánto amor al PRI!

Me sorprende.

¿Y en 2018 no hubo traición y simulación?

El destino del Revolucionario Institucional en Puebla tiene mucho que ver con la postura que dicte el CEN.

Así ha sido.

¿O es que ya no?

Habría que preguntarle a Claudia Ruiz Massieu.

Hay que echar un ojo atrás, recordando a los que se sentaron a desayunar, comer o cenar para convertirse en “amigos”, “limar asperezas” o “hacer alianzas” con vista al futuro. Esto quedó en el anecdotario, porque otra vez se vuelven a enfrentar. De nada sirvió empeñar la palabra y el honor como muestras de hombría y respeto.

Los nuevos tiempos imponen conductas de todo tipo; las conveniencias lo exigen.

Finalmente, es política, dirán los cínicos.

Ningún valor encaja.

¡Qué viva la amistad!

directorabcd_reflexiones@yahoo.com.mx

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