GOBERNAR POR ENCIMA DE “MAXIMATOS”

Miguel Ángel García Muñoz

 

El ser humano debe trascender por méritos propios, lejos de manipulaciones insanas y perversas.

Es cuestión de dignidad, honradez, ética y principios, valores que no deben extinguirse.

La seriedad y formalidad, siendo sensible, son fundamentales cuando se ostenta un cargo de alta responsabilidad.

No son recomendables los extremos en la forma de gobernar.

Ni autoritarismo ni relajamiento son bien vistos ni suelen dar resultados exitosos.

Quisiera referirme a Puebla, concretamente, pero extravío la memoria y caigo en Plutarco Elías Calles, llevándome a recordar su alianza con Álvaro Obregón, fortalecida por conveniencias por encima de afectos.

En política, lastimosamente, ese interés supera cualquier cosa.

Lealtad y amistad pasan a segundo plano.

Obregón y Calles así lo hicieron. Se utilizaron el uno al otro.

Primero fue el “Manco”, de 1920 a 1924, quien ocupó la Presidencia de la República; luego el “Turco”, de 1924 a 1928, con la promesa de regresarle a su amigo el manejo del país, toda vez que LA REELECCIÓN gestada con la revolución maderista había pasado a formar parte de un ideal trasnochado.

Asesinado Obregón por José de León Toral en 1928, quizá hasta por encargo de Calles, aunque el conflicto con la iglesia fue la coartada que se divulgó con éxito, fue el detonante que dio inicio al proceso del llamado “MAXIMATO”, término acuñado a raíz de que Plutarco fue considerado el “JEFE MÁXIMO DE LA REVOLUCIÓN”.

Y así lo pretendió el creador -1929- del Partido Nacional Revolucionario, antecesor del Partido Mexicano de la Revolución y luego Partido Revolucionario Institucional, hasta nuestros días.

Elías Calles vio la oportunidad ya no de reelegirse, sino de conducir las riendas sin tener la carga presidencial. Sabía de la comodidad de ejercitar el poder tras el trono.

Muerto Obregón, cuando ya había ganado la elección en julio de 1928, ordenó Calles que Emilio Portes Gil asumiera el interinato; dos años después, dejó el cargo a Pascual Ortiz Rubio, cuya “gloriosa” obra fue inaugurar un paso peatonal en el hoy eje Lázaro Cárdenas; en 1932 renunció  y cedió la estafeta a Abelardo L. Rodríguez, quien convocó a elecciones, ganando Lázaro Cárdenas del Río en 1934, brillante General con sensibilidad humanista, a pesar de contar apenas con la instrucción primaria.

En todos los casos, principalmente con Portes Gil, Ortiz Rubio y L. Rodríguez, el Jefe Plutarco IMPUSÓ EL GABINETE, considerándose al trío como los títeres del callismo. En el caso de Pascual, las mofas llegaron al extremo de tildar de “apascualado” al tonto, al pendejo en términos revolucionarios, advirtiendo que él era el Presidente, pero el que mandaba vivía enfrente, en clara referencia a Plutarco.

Lázaro Cárdenas del Río estaba destinado a padecer los mismos estragos, aceptando que el Gabinete fuera elegido por el Jefe Máximo. La gente sabía que debía mucho a su amigo, pues lo había hecho Gobernador de Michoacán. No había dudas que había llegado otro “apascualado”.

Pero no fue así.

Cárdenas sacó el carácter; preparó el terreno esperando el error de Plutarco, quien no tardó en criticar al régimen y tachar de inepto al Presidente. Esto fue suficiente para que el “Tata”, mote que le quedó a la perfección por su gobierno benefactor que terminó en 1940, hiciera renunciar a funcionarios identificados plenamente con Calles; se afianzó al poder y ordenó el destierro del Jefe que para él había dejado de serlo.

No se peleó; sin embargo, hizo valer su jerarquía, su triunfo en las urnas y la necesidad de cambiarle el rostro al Gobierno de la República. No más imposiciones; no más Plutarco, su amigo, pero era necesario exiliarlo para acabar de tajo con su influencia que se había convertido en nefasta.

Gobernar por encima de “maximatos” es menester.

Va en juego la dignidad y la promesa de cumplir lo ofrecido a la ciudadanía cansada de engaños y maltratos.

La historia suele repetirse con sus claroscuros.

Siempre hay tiempo para hacer valer la palabra empeñada.

Los “muertos ajenos” hay que entregarlos a quien corresponden y ser enterrados.

No hay por qué pagar pecados ajenos que lleven a rosar el infierno terminando en el purgatorio, cuando la gloria del éxito está cerca para ser tocada.

directorabcd_reflexiones@yahoo.com.mx

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