¿DÓNDE QUEDÓ LA POLICÍA?

Miguel Ángel García

 

No es título de película hollywoodesca, sino la pregunta que el Gobierno del Estado no responde de manera sensata y creíble.

La “Puebla Segura” que presumió en 2017, simplemente no existe. Recuérdese que a mediados de ese año se aseguró que habría limpia de delincuencia, contrastando el ofrecimiento con la realidad que se vive, con las estadísticas del INEGI y datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública que reportaban un incremento sustancial en feminicidios, robos, crímenes dolosos e impunidad.En ese momento el 63 por ciento de los poblanos consideraron que la policía estatal es corrupta, porcentaje que creció en 84 por ciento en septiembre de 2018.

Esa es una de las razones de los linchamientos. La gente se organiza para vengarse, cobrando un delito con otro delito.

Se quiso ocultar que las tomas clandestinas de combustible se multiplicaron 10 veces con el morenovallismo, rebasando a entidades peligrosas como Veracruz, Tamaulipas y Guanajuato.

Se anunció que se investigaría a empresarios vinculados al crimen organizado.

¡Nada ocurrió!

Se ha dicho que se han recuperado 8 millones de litros de gasolina y aprehendido a más de mil delincuentes.

¿Dónde están los nuevos huéspedes de los reclusorios?

Las cárceles estarían saturadas.

Si en verdad se les captura, con esa facilidad con la que se declara, se les deja en libertad con esa misma facilidad.

Las patrullas no tendrían que gastar en combustible. Esto no se ha visto, pero sí se ha detectado la venta clandestina a 12 pesos el litro en establecimientos en plena capital y nadie ve ni reporta.

Todos los días se dan los asaltos en el transporte público; el centro histórico es nido de ratas que en pleno día atracan; la prostitución se ejerce en hoteles de mala muerte, en el Paseo Bravo y calles cercanas, así como en la prolongación Reforma frente a los ojos de los azules; creció el secuestro y asesinato de estudiantes; los operativos se implementan todos los días y a cualquier hora, pero no para cuidar a los ciudadanos, sino para extorsionar a los automovilistas, siendo inútil denunciar.

Las bandas de delincuentes han perdido el miedo y el respeto por la autoridad. Pareciera que se extendió la patente de corso.

Puebla es nota roja todos los días.

Lo más reciente: El linchamiento en el norte de la ciudad, costándole la vida al hombre acusado de ratero y el enfrentamiento a balazos en el tianguis de la fayuca.

Nadie se responsabiliza.

La autoridad ignora hechos elementales.

Los gobiernos entrantes y salientes se echan la bolita, culpándose mutuamente.

Las promesas es desayuno diario de los que están y de los que llegan. Así no se resuelven los problemas.

El desencanto parece ser la constante, ante la falta de voluntad, de programas y el combate en serio a la corrupción que ha infiltrado las instituciones.

Es evidente que el compromiso de los jilgueros a sueldo es elogiar justificando a la autoridad; sin embargo, no convencen a la sociedad, pues los resultados del gobierno aparecen con números rojos.

No está a discusión si el gobierno tuvo interés en hacer las cosas bien, sino lo que deja su gestión en materia de seguridad y la complacencia con Rafael Moreno Valle. directorabcd_reflexiones@yahoo.com.mx

 

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