Perdieron los “fifís”, “los camajanes”; ganó “el pueblo sabio”

Arsenal / Francisco Garfias

 

 

Falló la hipótesis de los que pensaban que AMLO utilizaba la consulta para justificar un cambio de su postura en campaña sobre el NAIM.

Ganó de calle la opción Santa Lucía con casi el 70% de los votos  —más de 747 mil— emitidos en una controvertida consulta, organizada por Morena al margen del artículo 35 de la Constitución.

La participación fue de menos del 2% del padrón.

El resultado es radicalmente opuesto al registrado en las encuestas publicadas la última semana por empresas especializadas (Mitofsky y GEA-ISA), en las que una mayoría de ciudadanos se pronunció en contra de eliminar Texcoco.

Los costos de cancelar esa obra, calculados en 100 mil millones de pesos por el propio Jiménez Espriú, no fueron argumento suficiente para dar marcha atrás en lo que es, dice la Coparmex, el “error de octubre”.

El dinero que se ha invertido en la obra es de los fondos de los trabajadores y lo de los “fifís”, agregó Gustavo de Hoyos, dirigente de la patronal.

Tampoco parece importar el mensaje a los mercados, los riesgos para el peso, la incertidumbre para los inversionistas.

Ya no digamos los problemas de logística, interconectividad, uso simultáneo del espacio aéreo, costo de peaje a Santa Lucía y a Toluca.

De nada sirvieron los puntos de vista de los expertos internacionales de Mitre, el Colegio de Ingenieros, los pilotos, las líneas aéreas extranjeras o los llamados de los empresarios.

Ganó el “pueblo sabio” (él). Perdieron los “fifís”, “la mafia en el poder”, los de arriba, los “camajanes”, los “picudos”.

“La decisión que tomaron los ciudadanos sobre el nuevo aeropuerto es racional, democrática, eficaz”, dijo, muy orondo, el Presidente electo, después de conocerse el resultado de la “consulta”.

¿Racional? ¿Democrática? ¿Eficaz?

El dólar rebasó los 20 pesos a consecuencia del anuncio; la Bolsa perdió más del 3% en una sola jornada, la confianza de los mercados fue lastimada.

La calificadora Moody’s bajó dos puntos los bonos del NAIM —hay seis mil millones invertidos— ante la posibilidad de que se vuelvan impagables.

“Son factores internacionales”, repetían ayer a coro el vocero Jesús Ramírez Cuevas y Yeidckol Polevnsky, en cuanta entrevista ofrecían. A nadie convencían.

Ya encarrerado, AMLO prometió que en tres años habrá una solución a la saturación de vuelos a la CDMX. “Tendremos tres aeropuertos”, casi presumió.

En ese lapso estarán en servicio las dos pistas que se van a construir en Santa Lucía y las ampliaciones necesarias a los aeropuertos Benito Juárez y Toluca habrán concluido.

El problema de la saturación del Aeropuerto de la Ciudad de México “quedará resuelto”, asegura el Presidente electo.

“Es una nueva forma de gobernar”, repite Enrique Calderón Alzati, de la Fundación Arturo Rosenblueth, organizadora de la consulta, un radical con lenguaje de cartón, que parece trasplantado de la época de Stalin.

En el plano internacional nos auguran problemas.

“Se producirá una larga y prolongada disputa legal”, dicen los expertos en riesgos para los inversionistas de Eurasia Group, con presencia en cuatro continentes.

Y más: “La decisión de cancelar el aeropuerto podría desencadenar demandas de reembolso del principal de los bonos —seis mil millones de dólares—, lo que aumentaría los costos de cancelación de la obra.

Todo este proceso nos da luz sobre la forma en que funcionará el gobierno de López Obrador. Muestra que seguirá con los proyectos que ha mantenido durante mucho tiempo, incluso si se enfrentan a serias críticas, según Eurasia.

“Muestra también que los asesores moderados desempeñarán un papel menor en su gobierno… La influencia de Alfonso Romo es limitada. Esto hará que las comunicaciones entre el gobierno y el sector privado sean más complicadas”, puntualiza.

Además, la preocupación de López Obrador por el sentimiento de los inversionistas y la reacción del mercado es menor de lo que parecía después de la elección y, lo que es más importante, desaparece en temas en los que tiene ideas sólidas.

“También sugiere que la calidad del proceso de toma de decisiones será baja y que López Obrador usará alguna versión de consultas populares para justificar decisiones controvertidas”.

Una buena de consolación: la CNTE ya aceptó una mesa de diálogo con el gobierno de AMLO para ver cuáles de sus propuestas se pueden incorporar a la nueva Reforma Educativa.

El acuerdo selló la reconciliación de los maestros disidentes con el Presidente electo, quien ya se comprometió a eliminar la “evaluación” que rechazan éstos.

La CNTE criticó a AMLO luego de que rechazara regresar el control de la nómina a la los dirigentes de la disidencia magisterial.

El tabasqueño respondió, enérgico, el pasado 13 de octubre.

“A veces nos cuestionan los extremos: los radicales de derecha, que son furibundos, y los radicales de izquierda, porque los extremos se tocan y la verdad es que hay muchos que no son radicales, que son conservadores”.

Aquello sonó a advertencia.

Se puso entonces en marcha un exitoso proceso de reconciliación que culminó con la primera reunión que tiene la CNTE con un presidente electo en sus 40 años de existencia.

El mérito se lo atribuyen a Esteban Moctezuma, próximo secretario de Educación, y al exsenador del bloque Morena-PT Luis Humberto Fernández, quien fue el articulador del acercamiento. (Publicado por Excélsior)

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