Traducción Bárbara Lombana

!MENOS PALABRERÍA¡/ ITALO CALVINO

 

 

Umberto Eco hizo un “Elogio del resumen”, y siete escritores resumieron siete libros famosos (quince líneas mecanográficas era el límite fijado). Me parece un argumento que no se debe pasar por alto, que puede tener implicaciones sustanciales, bien sea como propuesta de un modelo estilístico (ejercicios de concisión, de economía de palabras, de carga semántica concreta, son más que nunca necesarios para cualquier escribiente o aspirante a la escritura que quiera defenderse de la peste verbal que nos rodea) o bien sea como método pedagógico. Pedagógico para quien hace el resumen más que para quien lo lee, como oportunamente precisa Eco, el cual reivindica la insustituible utilidad de dos prácticas escolares de otros tiempos, hoy caídas en desuso; el aprendizaje de memoria (otro argumento sobre el cual valdría la pena insistir) y el resumen. Eco escribe con acierto que “el resumen de una novela no es nunca un caso de simple información; es un acto crítico”. De hecho resumir significa escoger aquello que es indispensable decir y lo que se puede omitir, y esto equivale a “pronunciar implícitamente un juicio crítico”. Dicho esto, quisiera introducir aquí otras reglas del juego que para mí son esenciales y que se pueden formular (resumir) en una norma general; el resumen debe elaborarse con enunciados, pensamientos y en lo posible con palabras contenidas en la obra que se resume, o sea debe tender a dar cuenta también del aspecto formal, estilístico, resaltando el espíritu que aquella determinada forma expresa. En fin, no debe ser un discurso sobre la obra, un comentario, una definición de su significado en lenguaje crítico-teórico, pues de lo contrario se convertiría en un breve ensayo crítico. Este último es otra cosa, tal vez preferible si se lo compara con un ensayo largo y recargado (no se acaba de enseñar suficientemente que el laconismo y la agudez son los mejores medios para asegurar al pensamiento la capacidad de comunicar e imponerse), pero no tiene nada que ver con lo que el resumen pretende. Quisiera que ésta fuera una ocasión para subrayar una distinción en cuanto género literario, en cuanto método, en cuanto lenguaje: o es un resumen o es un comentario.

Mi impresión es que la escuela de hoy tiene una función de deseducación literaria porque tiende permanentemente a sustituir la obra del poeta o del escritor con un discurso en términos intelectuales abstractos, como si las dos cosas pudieran ser de alguna manera equivalentes.

Mientras que la utilidad del resumen está precisamente en el hecho de que debería obligar a buscar entre los mismos elementos que constituyen la obra aquellos más esenciales, sin recurrir a una terminología ideológico profesoral.

Para hacer esto, o sea para hacer realmente del resumen un acto crítico y creativo es ciertamente necesario como primera medida exorcizar el espectro del mal resumen, plano, insípido, falsamente objetivo, de la más tediosa tradición escolar; y hacer implícita en la operación selectiva nuestra intención, sea ésta de indiferencia, de ironía, de valorización, o tal vez de inversión del punto de vista.

Estoy convencido de que Eco comparte mi punto de vista aunque su “Elogio”, hacia el final, deje la duda de que el resumen ideal pueda ser un microensayo de comentario a la obra; y también el ejemplo con el cual él participa al certamen de los quince renglones (el resumen del “Ulises” de Joyce) sería un modelo perfecto si en un par de frases no se desviara hacia el metalenguaje crítico.

Del “Ulises” Eco propone también micro resúmenes de tres renglones, algunos de los cuales corresponden a mi idea de resumen; mientras otros son ensayos críticos en miniatura.

Un microensayo que contiene un resumen es el que hizo Moravia de “Crimen y Castigo” porque está construido como un comentario aunque todos los personajes y los hechos principales estén allí.

Otro tipo de trabajo es el que hace Giovanni Mariotti con “La Divina Comedia” al que encuadraría en un género muy significativo de la literatura de hoy, el libro paralelo, la relectura-paráfrasis.

Diría, por lo tanto, que estos ejemplos se alejan, unos más, otros menos, de lo que debería ser un resumen. Ya siento venir la objeción; tú eres muy bueno para hablar pero te escogiste la novela más fácil para resumir que exista, “Robinson Crusoe”, que en gran parte se reduce a un solo personaje y posee una trama muy reducida.

Responderé que lo escogí para ver cómo las características de aquella obra pudieran ser expuestas con el mínimo de palabras; el proceder por elencos, inventarios, enumeraciones, y la mezcolanza de crueldad mercantil y contrición religiosa. Quería dar cuenta de todo esto usando sólo términos concretos y sobrios como, es el estilo de Defoe.

Mi idea es que un buen resumen debería siempre incluir algún detalle que aunque parezca inesencial sea en cambio necesario para representar la sustancia expresiva del libro. Pero con este sistema se termina fatalmente por sobrepasar el límite de las quince líneas. Que un verdadero resumen se pueda también hacer una obra vasta y complicada lo prueba Giovanni Raboni, que se escogió la tarea más difícil; la Recherche de Proust.

Desde el punto de vista del método me parece un óptimo ejemplo, así como el Stendhal de Bertolucci. “Los novios” de Chiara son un ejemplo de resumen desnudo y crudo en el cual no hay ni siquiera una frase de intervención crítica; pero hay una intervención crítica escondida en el lenguaje indiferente y reductivo que no deja filtrar nunca la voz de Manzoni.

En un buen resumen la atmósfera estilística debe al menos sugerirse. En fin, me he convencido de que hacer verdaderos resúmenes es un ejercicio saludable tanto para los muchachos que van a la escuela como para los profesionales de la escritura, porque nos obliga a abstenernos de las facilidades del léxico intelectual, y a observar los textos desde dentro antes de definirlos desde fuera.

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