POPULISMO A PRUEBA

Manuel Sánchez Pontón

 

 

Las espectaculares batallas electorales de 2018 no podrán darse sino entre las dos grandes fuerzas que existen en el país. El PRI-gobierno capitalista y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), orgullosamente populista, lo que quiere decir que está con la mayoría de la gente: las clases media y baja y el proletariado.

Esto se está viendo con mucha claridad en el Estado de México, con  los candidatos del PRI, Alfredo del Mazo y la de Morena, Delfina Gómez. El PAN, partido conservador y retrógrado, ya va de salida del espectro político nacional, especialmente desde que los dos presidentes panistas, impuestos por Washington, fracasaron de la manera más escandalosa y sus cabecillas, Fox y Calderón, se enriquecieron fantástica y fabulosamente. A toda costa se trata de tapar ahora el fabuloso negocio turbio de la petrolera brasileña Petrobras, de entre los años 2007 y 2011, durante el régimen de Calderón, en el que llovieron miles de millones de dólares que fueron a parar en los bolsillos de los más altos funcionarios del gobierno y de Pemex.

En cuanto al partido “de la revolución democrática”, PRD, éste ha sido convertido en el trapo de coleador de la política mexicana, al aliarse con el ultraderechista PAN, con lo que ambos se autodescalificaron porque ya no se sabe hasta dónde son del lado capitalista o del lado populista; es decir, si están con los ricos o con el pueblo. Centavero y saltimbanqui, el PRD es manejado por políticos millonarios como Alejandra Barrales, antigua aeromoza de aviación, quien tiene, entre muchas propiedades más, un elegante departamento en Miami, Florida, que tiene un valor de más de un millón de dólares. ¿Y qué decir de Pablo Gómez, de los “Chuchos” y de otros perredistas que han hecho de la política un negocio superfabuloso, oscilando entre la izquierda moderada y la ultraderecha panista?

Están a la vista de todos, dos grandes fuerzas: la tradicional, del PRI, muy desprestigiada a causa de la corrupción e ineptitud de sus cabecillas; y Morena, que ofrece honestidad y capacidad para sacar al país del atolladero. Sin embargo, este partido populista, en el buen sentido de la palabra, o sea que está del lado del pueblo, deberá buscar si llega al gobierno en 2018 gente nueva porque no hay manera de sacar hombres o mujeres probos que no tengan “cola que les pisen”. Ya se ve lo que le sucede a López Obrador con sus candidatos. El caso de Delfina Gómez es deplorable, pues la señora cuando fue presidenta municipal de Texcoco, en el Estado de México, aprovechó su poder para sacar mucho dinero sucio de todas partes, inclusive recortándoles sus mezquinos salarios a los burócratas del municipio, recursos que utilizó para uso personal y político.

Un candidato popular o populista ofrece un manejo escrupulosamente limpio de los fondos puestos a su cuidado y el rechazo a cualquier negocio que resulte ilegal, aunque sea muy productivo.

Ahí está el “quid”. López Obrador metió las manos al fuego con Delfina Gómez cuando la hizo candidata de Morena a la presidencia municipal de Texcoco. Pero ella, muy al estilo de quienes ofrecen pero no cumplen, le falló. Ahí dejamos esto para reflexión de la ciudadanía.

Lo cierto es que el PRI representa lo “viejo por conocido”. En tanto que Morena es “lo nuevo por conocer”. Los otros partidos, “p´al gato”.

 

 

 

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